Pequeños museos, grandes historias

Museos Particulares de Cortes

Arte, delicadeza y color sobre una superficie singular

Museo del Huevo de Avestruz Pintado a Mano

Propiedad de Inés Litago

Museo particular, único en esta categoría en España y en Europa. En su interior podemos contemplar una colección de más de mil huevos de avestruz pintados a mano, huevos de oca decorados, huevos de ñandú tallados, diferentes colecciones de pirograbados, antigüedades, cerámicas, belenes, etc…

El Museo del Huevo de Avestruz Pintado a Mano es un espacio único y sorprendente, dedicado al arte y la creatividad plasmados sobre una superficie tan singular como delicada: el huevo de avestruz. Cada pieza expuesta es una auténtica obra de arte, realizada con precisión, paciencia y una gran sensibilidad artística.

En sus vitrinas se pueden admirar huevos decorados con diferentes estilos y técnicas, desde motivos tradicionales y paisajes naturales hasta diseños abstractos y contemporáneos. Cada huevo cuenta una historia, reflejando la inspiración, la cultura y la emoción de quien lo pintó.

El museo invita a descubrir la belleza de lo pequeño y lo frágil, a valorar el trabajo artesanal y a dejarse sorprender por la imaginación que cabe dentro de una simple cáscara. Además, ofrece una experiencia educativa y visual, perfecta para todas las edades, donde el visitante aprende sobre el proceso creativo y la simbología del huevo como símbolo de vida y renovación.

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Reciclaje creativo de Pedro María Monasterio

Dame la mano y vamos a darle una vuelta al mundo

La exposición de Reciclaje creativo de Pedro María Monasterio, es un espacio único donde la imaginación y el respeto por el medio ambiente se dan la mano. Aquí los objetos que alguna vez fueron considerados basura se transforman en verdaderas obras de arte, útiles, decorativas o sorprendentes.

Cada rincón de la exposición invita a reflexionar sobre el poder de la reutilización y la importancia de cuidar nuestro planeta. Es un lugar donde se demuestra que reciclar no solo es necesario, sino también divertido, educativo y lleno de creatividad, además de necesario.

La memoria viva de los oficios y la vida cotidiana

El Baúl de los Recuerdos

Propiedad de Salvador Ibáñez

En él se exponen un montón de herramientas y objetos que se usaban en los antiguos oficios del pueblo. Es un viaje al pasado.

“El Baúl de los Recuerdos” es un museo lleno de nostalgia, donde cada objeto cuenta una historia y nos transporta a tiempos pasados. En él se guardan piezas que formaron parte de la vida cotidiana de nuestros abuelos y padres: juguetes antiguos, utensilios domésticos, fotografías, herramientas, ropa, documentos y un sinfín de tesoros que hoy son testigos del paso del tiempo.

Recorrer sus salas es como abrir un viejo baúl familiar: aparecen los sonidos, los colores y los recuerdos de una época en la que todo se hacía con más calma y cariño. Es un espacio para emocionarse, aprender y valorar el patrimonio cultural y sentimental de toda una comunidad.

“El Baúl de los Recuerdos” no solo conserva objetos, sino también vivencias, tradiciones y la memoria de quienes nos precedieron.

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Calabrocha museosparticulares castillodecortes
Esculturas que rescatan la memoria del campo

Calabrocha

Obra de Carlos Sebastián

El ritmo de la naturaleza se fusiona con el del trabajo humano en la obra de Calabrocha, Carlos Sebastián no sólo crea, sino que revive lo que parecía condenado al olvido. Herramientas desgastadas por el paso del tiempo, utilizadas en los campos, se transforman en sus manos en algo nuevo. Lo que un día fue una pala, unas tijeras o una herradura, ahora renace fusionado con otros objetos, formando piezas escultóricas que capturan el alma de una tradición ancestral.

Cada una de sus esculturas guarda un pedazo de memoria de esas historias colectivas del trabajo del campo. Esas herramientas que alguna vez fueron esenciales en la vida diaria, ahora agonizan olvidadas y oxidadas. Sin embargo, Calabrocha las rescata, las adopta y les otorga una nueva existencia. Las presenta ante nosotros convertidas en personajes llenos de gracia, en animales que parecen cobrar vida.

Sus esculturas es una celebración de lo rústico, de lo sencillo, pero también de lo ingenioso. Nos recuerda que hasta en lo más cotidiano y desgastado, hay belleza y potencial, esperando sólo una chispa de creatividad para revelarse ante nuestros ojos.

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Mi leyenda

Victoria

Cuenta la leyenda que a mediados del S.XVII en el Castillo de Cortes vivían unos condes con sus 5 hijos. La del medio era una niña que ya en el embarazo causó muchos problemas a su madre provocándole náuseas, vómitos y muy mal embarazo, lo que la mantuvo en cama los nueve meses. Cuando nació fue peor, la niña, estaba todo el día llorando, no comía, no dormía. Los padres le cambiaban de nodriza intentando conseguir que con el cambio de leche la niña se tranquilizase. Nada surgía efecto, Victoria seguía llorando, cuando empezó a gatear se tiraba de la cuna, no paraba un instante. Fue creciendo entre travesuras, fechorías, se escapaba, se escondía, tenía muy mal humor. Los padres tenían un auténtico problema, ninguna institutriz quería hacerse cargo de la niña, pagaban muy caro las consecuencias de los desmanes de la pequeña … De hecho, llegaron incluso a poner los cerrojos por fuera de las habitaciones (en la actualidad pueden verse en las dependencias del castillo) para mantenerla encerrada y que no se escapara. Temían por su salud, por su integridad física, porque la raptaran, porque secuestraran, porque sufriera algún accidente. Los padres, desesperados, el día de su doceavo cumpleaños tomaron una dura determinación y le cortaron los pies. Desde entonces, el espíritu de Victoria deambula por el castillo y por el parque. Cuentan algunos vecinos que la han visto levitando por las murallas y alguna noche columpiándose en el parque.